
El Ministerio de Sanidad opta por mirar a otro lado. La ministra Mónica García insiste en negar la realidad de cara a la opinión pública aunque la reconoce por detrás. El Ministerio ha s0licitado a las comunidades autónomas 45.000 vacunas, ¿por qué lo hace si supuestamente no existe emergencia sanitaria en Ceuta? También ha contratado servicios de limpieza extraordinarios en los centros de salud de la ciudad autónoma haciendo referencia a la «emergencia sanitaria debida a la entrada masiva de migrantes en la ciudad». Y también ha pedido Sanidad a los jefes de sección que trasladen a los médicos la posibilidad de hacer guardias voluntarias “dada la situación migratoria que estamos atravesando, se solicita aporte en Secretaría de Gerencia listado de facultativos de servicio que estarían dispuestos a realizar guardias (voluntariamente) en el Servicio de Urgencia Hospitalaria”. Sin embargo, delante de los micrófonos, todo está bajo control. ¿Por qué es todo esto necesario si la situación no es extraordinaria?
Una crisis de este calibre no se solvente con anuncios vagos como el de la incorporación de más de 90 profesionales a la sanidad ceutí. Una cifra global no permite evaluar la capacidad asistencial real del sistema sanitario. Es preciso conocer todos los detalles: cuántos de esos profesionales son médicos, cuántos pertenecen cuántos a cada categoría, en qué servicios han sido destinados, cuánto tiempo permanecerán en Ceuta y qué impacto real tienen sobre áreas especialmente tensionadas como Urgencias o Atención Primaria. Casos como los de tuberculosis detectados en urgencias precisan más atención y rigor.
La situación es opaca cuanto menos. Lo que están viviendo los médicos en Ceuta no se corresponde con la realidad que dibuja el ministerio. Es necesario conocer qué prestaciones siguen dependiendo de recursos externos, cuántos pacientes continúan siendo derivados a la península y qué servicios no pueden prestarse con normalidad por falta de especialistas o de medios materiales. Solo con información completa podrá realizarse una evaluación rigurosa de la situación sanitaria de Ceuta.
La realidad es que numerosos médicos han tenido que doblar turnos, asumir más guardias y responder a llamamientos extraordinarios para mantener la asistencia. Parchear el sistema con esfuerzos personales no puede convertirse en la solución permanente a un problema estructural.
Para más inri, Sanidad, como viene haciendo en el proceso de reforma del Estatuto Marco, vuelve a ignorar a la profesión médica. El Colegio Oficial de Médicos de Ceuta (COMCE) ha sido excluido de la reunión celebrada en el Hospital Universitario de Ceuta para abordar la situación asistencial derivada de la crisis que vive la ciudad. Resulta incomprensible que, en un encuentro convocado para analizar la realidad sanitaria de Ceuta, se haya invitado a otros colegios profesionales y se haya dejado fuera precisamente a quienes representan a los médicos, los profesionales que se encuentran en primera línea de la asistencia sanitaria. Una exclusión que quizá tiene algo que ver con la denuncia del COMCE sobre la gestión de la crisis sanitaria en Ceuta. Pretender conocer qué está ocurriendo en la sanidad de Ceuta sin escuchar a quienes atienden diariamente a los pacientes es, sencillamente, renunciar a conocer una parte esencial de la realidad. Sería como diseñar un plan de prevención de incendios sin contar con los bomberos o elaborar un proyecto urbanístico sin escuchar a los arquitectos.
Médicos Unidos por sus Derechos insiste en que el Ministerio de Sanidad debe escuchar a sus profesionales, incorporar sus aportaciones y corregir aquello que sea necesario. Excluir a los médicos de los espacios de diálogo institucional y negar sistematicamente sus quejas y reivindicaciones es un grave error. No se podrá mejorar el sistema sanitario sin tener en cuenta a los que lo sostienen cada día. No escuchar a los médicos es, sencillamente, no querer conocer toda la realidad.
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